Si de vez en cuando revisas las secciones de tecnología y negocios de revistas y sitios web, seguramente te has encontrado con la narrativa entusiasta dominante en torno a las startups tecnológicas. Casi siempre se describen como innovadoras, revolucionarias, y por supuesto tan guay y hipsters, et cetera. Pero es hora de detener esta exageración y decir la verdad: muchas de esas startups no son innovadoras, ni revolucionarias, ni siquiera son guay. Y el mundo ni siquiera necesita la mayoría de ellas.

 

 

Todos adoran las startups …

 

Por supuesto, hay muchas startups geniales que han creado negocios muy impresionantes y rentables, así que todo el bombo a su alrededor es bien merecido. Hay algo que esas empresas normalmente tienen en común: se basan en una idea verdaderamente innovadora. Tal vez algunas de ellos se inspiraron en la misma filosofía, como la sharing economy, por ejemplo, pero aparte de eso, tienen algo que los hace destacar entre los demás. Encontraron su nicho en el mercado, crearon un enfoque exitoso y un buen modelo de negocio. Y simplemente hacen que muchas de las cosas cotidianas sean más fáciles. Seguramente no es necesario describir aquí lo útiles que son las apps de Uber o Revolut, todos lo saben. Esta es la clave de su éxito: crearon algo que la gente necesita y realmente quiere usar.

 

… pero algunas de ellas no se lo merecen

 

El triunfo de estas grandes startups ha causado un efecto dominó. Cada vez más aparecen más organizaciones que se denominan a sí mismas startups tecnológicas. Pero el problema con la mayoría de ellas es que en realidad no son imprescindibles para la sociedad. El producto o servicio que ofrecen no es algo que hace que miles de personas piensen “ay, cómo podía vivir sin eso antes”. Estas empresas crean aplicaciones con el fin de resolver problemas ridículos o incluso imaginarios. Seamos honestos: el mundo no necesita decenas de apps para cocer huevos duros perfectos o uno despertador más para Android. Tampoco necesitamos otra startup que recaude enormes fondos gracias a un poco de magia de mercadeo y PR incluso antes de lanzar el producto, que finalmente resultará siendo un fracaso. Necesitamos nuevas ideas y soluciones útiles que apliquen tecnologías innovadoras para facilitar cada aspecto de la existencia moderna.

 

No es posible ser “el nuevo…”

 

Otro problema con las startups es que en muchos casos son imitadores. Quieren ser el nuevo Facebook, el nuevo Airbnb, el nuevo Uber, el nuevo Spotify. Copian la idea, la filosofía, el modelo de negocio, a veces incluso el nombre. Esta es la verdad: no hay forma de ser exitoso siendo una copia de otra empresa. Esto es un absurdo. Es imprescindible tener su nicho y encontrar una necesidad existente en el mercado. No existe un nicho para el nuevo Facebook mientras exista el Facebook original, y es bastante seguro decir que por ahora no se va a ninguna parte. Si la idea de negocio no es original, entonces es mejor no perder tiempo y abandonarla lo antes posible.

 

Unicornios que resultan ser fraudes

 

Y a veces las cosas son aún peores. Algunas de las startups, incluso las más famosas, resultan ser puramente estafas. Recientemente uno de los casos más comentados de startups que terminaron siendo un fraude fue Theranos, una startup que supuestamente inventó una manera fácil y rápida de hacer análisis de sangre. Recaudaron más de 700 millones de dólares hasta que se reveló que su tecnología no funcionaba y la fundadora de la compañía, Elizabeth Holmes, fue acusada de fraude (aconsejamos leer la historia completa, realmente abre los ojos). Hace un par de meses se hablaba del caso de Juicero que también terminó con un gran escándalo y el cierre de la empresa. Podemos arriesgar una afirmación de que tales cosas no sucederían si no hubiera tanta locura irracional alrededor de las startups en todos los medios.

 

El culto de las startups es una exageración

 

Por supuesto, después de un fallo sensacional de una startup, a los medios les encanta hablar del tema y seguir haciendo la pregunta retórica “¿cómo podría pasar lo mismo otra vez?”. Pero antes de eso, la prensa ayuda con muchas ganas a construir los mitos sobre startups que aún se encuentran en una insegura etapa de desarrollo. Todo el mundo conoce este tipo de historias que casi siempre contienen los mismos elementos: los protagonistas abandonaron la universidad para convertirse en genios de negocios gracias a su valentía e ideas revolucionarias; su negocio arrancó en un oscuro garaje o sótano y en un par de años se mudó a una oficina espectacular en algún lugar prestigioso de Silicon Valley, etc.

Cuando lees estos artículos (y libros. Sí, hay más y más libros de este tipo), te das cuenta de que existe una especie de culto absurdo en torno a las startup tecnológicas. Cuanto más lo miras, más loco parece. El entusiasmo desenfrenado y la falta de crítica entorno de las startups se parece a una secta con sus devotos seguidores y gurús iluminados.

El culto a las startups influye significativamente al crecimiento de la burbuja tecnológica de Silicon Valley, y muchos dicen que está a punto de estallar. ¿Qué pasará con la cultura de startups entonces? Nadie lo sabe, pero sinceramente esperamos que se recupere el sentido común.